La realidad según los antisistema

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Vaya por adelantado que a mí el monigote rubio del tupé imposible me gusta tan poco como a vosotros. Quizás, incluso menos. Pero ni entendí ni entiendo el tuit con el que Pablo Iglesias recibió la victoria de Trump en las Elecciones Presidenciales. Allá va: “La vacuna frente al fascismo de Trump es justicia social y derechos humanos, no más establishment. Hay un pueblo de los EEUU que resistirá. Pregunta: ¿Acaso no ha sido “el pueblo de los EEUU” quien le ha elegido contra todo pronóstico?

Dice Iglesias “no más establishment”, pero resulta que este rubio vomitivo que ahora va a presidir el gobierno de la nación más poderosa del mundo ha conseguido la presidencia sin el apoyo de los medios de comunicación tradicionales, sin los empresarios, sin los banqueros, sin los mercados financieros, sin el mundo de la cultura y los espectáculos (Ay, ¡si tuviera a los Bardem de su parte, qué circo!), sin deportistas y en algunos momentos, hasta sin el apoyo de su partido, abochornado ante ciertas declaraciones del magnate. Entonces, ¿quién le ha empoderado, sino el pueblo llano? ¿Cómo ha logrado conectar con ellos, si lo único que dice son burradas?  Para mí me tengo que Trump no es la enfermedad, sino el síntoma. Y al síntoma no lo ha aupado a la Casa Blanca el establishment. Ha contado, eso sí, con el apoyo de ciertas emisoras de televisión, más por audiencia que por afinidad ideológica, de extrañas organizaciones legales (extrañas para nosotros, que somos antibelicistas y antiarmas) como la Asociación Nacional del Rifle, o del Ku Klux Klan, que a pesar de su fuerza es medio clandestino. ¿Pueden movimientos de este cariz movilizar el voto de millones de americanos? Lo dudo.

Hay algo mucho más profundo en las alcantarillas de la sociedad que se nos está escapando del análisis. Las previsiones que se hacen de los acontecimientos necesitan nuevos parámetros que aún no sabemos calibrar, y el resultado electoral, sorpresa y rechazo callejero incluidos, es buena prueba de ello. Con todo, aún tengo muy presentes otros dos fiascos memorables: el referéndum sobre el proceso de paz en Colombia y la consulta inglesa sobre el BREXIT. En ambos casos, las posturas defendidas por el establishment -o sea, el sistema- fueron derrotadas por opciones que resultaron ser las que menos interesaban al poder establecido. ¿Qué pasa para que las opciones antisistema venzan a aquellas protegidas por el poder? ¿Está la respuesta en Internet?

Cuando millones de personas actúan a la vez como emisor y receptor de contenidos al margen de cualquier control, la cosa se complica, se enturbia y se enmierda. Pero para analizar si esto es bueno o malo, hay que referirse a los riesgos de lo que se denomina posverdad. Pero aún estoy muy verde para hablar de la complejidad del Lado Oscuro.

Volveré a este espinoso asunto. ¡Prometido!

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Librepensadora (a ratos)
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